La Staatsoper, la Opera del Estado

La construcción de la neorrenacentista Opera del Estado comenzó en 1861 bajo los arquitectos Eduard Van der Nüll y August Von Siccardsburg. Fue la primera de las grandes edificaciones que se erigieron en la Ringstrasse y se inauguró en 1869 con Don Giovanni, de Mozart.

Pese a todo, el edificio no gustó al emperador Francisco José, que lo denominó “estación de tren”, provocando con ello el suicidio de Van der Nüll. En  1945, la Opera del Estado fue alcanzada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y destruida casi en su totalidad. Se reinauguró en 1955, dotada de una nueva tecnología; un signo de que Austria había reconquistado su soberanía frente a las fuerzas de ocupación.

Desde el Ringstrasse se contempla, en este majestuoso edificio de piedra, el pórtico original que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Las estatuas de bronce situadas en los cinco arcos del pórtico son una alegoría del heroísmo, el drama, la fantasía, la comedia y el amor, vistas de izquierda a derecha.

Por otro lado, las dos fuentes que se levantan cada lado de la Opera representan dos mundos: la música, la danza y la alegría a la izquierda; y la sirena Lorelei sustentada por la tristeza, el amor y la venganza a la derecha.

Ya en el interior, la magnífica escalinata de mármol, decorada con frescos, espejos y lámparas, conduce al auditorio. Entre los arcos aparecen unas estatuas que representan las siete artes liberales. El auditorio se reconstruyó después de la Segunda Guerra Mundial, manteniendo su diseño original de 1869, con tres palcos y dos anfiteatros.

Luego, en el vestíbulo Schwind se encuentran dieciséis óleos de Moritz Von Schwind que representan escenas de ópera. Además, sobresale el Salón de té, una hermosa dependencia en la hay que fijarse en su chimenea flanqueada por columnas y espejos.

Por último, merece la pena contemplar los relieves de la ópera y el ballet; el busto de Gustav Mahler; y los nueve tapices de la sala Gustav Mahler, diseñados por Rudolf Eisenmenger, que muestran escenas de La Flauta Mágica de Mozart.

Foto vía Clásica 2